Evaluación del comportamiento frente al virus del Mal de Río Cuarto (MRCV)

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GENERALIDADES DEL VIRUS DEL MAL DE RÍO CUARTO

Las enfermedades generan cuantiosas pérdidas en la cadena productiva de maíz. En un primer
nivel de clasificación, podemos dividirlas en dos grandes grupos considerando su agente causal.
Por un lado, tenemos las enfermedades fúngicas (causadas por hongos patógenos) y por el otro
aquellas enfermedades producidas por algún tipo de virus. En general, los padecimientos de
origen viral son subestimados debido al poco daño que implican en términos de rinde. Una
excepción a tal regla es el Virus del Mal de Río Cuarto, el que en situaciones de epifitias
generalizadas, causa enormes mermas en el rendimiento, que incluso pueden ser totales.
EVALUACIÓN
DEL COMPORTAMIENTO
FRENTE AL VIRUS
DEL MAL DE RÍO CUARTO
(MRCV)
ÁREA DE DESARROLLO DE PRODUCTO MAÍZ
INTRODUCCIÓN
GENERALIDADES DEL VIRUS DEL MAL DE RÍO CUARTO
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El Mal de Río Cuarto es transmitido por un reovirus (MRCV), de la familia Reoviridae, identificado
con el género Fijivirus (Uyeda y Milne, 1995). Es una enfermedad endémica del centro y Sur de la
provincia de Córdoba, que con el paso de los años ha expandido su área de influencia en todas las
direcciones (Figura 1). Este virus fue identificado y descripto por primera vez en la década del 70
en los alrededores de la zona rural de Río Cuarto, de ahí su nomenclatura. La primera gran epifitia
transcurrió durante la campaña 1976/77, y su mayor registro fue en 1996/97. La afección más
reciente fue detectada en la campaña agrícola 2006/07.
Es una enfermedad cuyo agente causal debe ser transmitido indefectiblemente por un vector
(homóptero: Delphacodes kuscheli; Figura 2; Ornaghi et al., 1993), como en todos los virus. Este
vector es conocido como “chicharrita MRC” y de su ciclo vital depende el nivel de incidencia y
severidad que se manifestará en cada ciclo productivo (Figura 3). La sintomatología básica
consiste en malformación de plantas, enanismo a causa de la no elongación de los entrenudos,
tallos achatados, panojas atrofiadas y espigas curvas deformadas. La confirmación obligatoria
consiste en la detección de enaciones (“crestas de gallo” y/o “en rosario”) en el envés de las hojas,
que son protuberancias de la epidermis foliar que se ubican a lo largo de las nervaduras.

La transmisión del virus requiere que D. kuscheli lo adquiera previamente de una planta enferma.
Para completar el proceso de adquisición el insecto debe picar al hospedante por al menos 4 horas
(el mismo tiempo que requiere para su infección). La modalidad de propagación se denomina
persistente-circulativa-propagativa. La persistencia se explica porque una vez adquirido, el
insecto puede transmitirlo durante toda su vida, circulativa ya que se almacena en el sistema
digestivo del insecto, donde se multiplica y de allí circula hacia las glándulas salivales, y
propagativa porque no es necesaria una realimentación con material enfermo.

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HOSPEDANTES ALTERNATIVOS

Si bien el maíz (Zea mays) es el hospedante principal de la enfermedad, otras poáceas cultivadas
estivales como el sorgo (Sorghum vulgare), la moha (Setaria italica) y el mijo (Panicum miliaceum)
pueden alojar el virus. A su vez, ha sido aislado en algunas malezas, integrantes de
la misma familia, como Digitaria sanguinalis, Setaria verticillata, Cynodon dactylon, Echinochloa
colonum, Eleusine indica, Sorghum halepense, Poa ligularis, entre otras.
Es importante destacar el rol en la circulación y propagación de la enfermedad de los cereales y
verdeos de invierno: avena (Avena sativa), trigo (Triticum aestivum), cebada (Hordeum vulgare) y
centeno (Secale cereale), ya que son el reservorio del patógeno en los momentos en que el maíz
no se encuentra en los sistemas productivos, lo que permite la perpetuación de este mal.

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CONDICIONES PREDISPONENTES

El crecimiento poblacional de la chicharrita se ve favorecido por períodos de sequía, acompañados
de temperaturas moderadas. La presencia de cereales invernales y malezas hospedantes,
próximas a la finalización de su ciclo ontogénico, en cercanías a un lote de maíz elevan la
probabilidad de infestaciones en estadios tempranos del desarrollo de maíz (momento de mayor
susceptibilidad).
CONDICIONES PREDISPONENTES
3
La Figura 3 fue construida con los registros de captura de Delphacodes kuscheli. Estos señalan que
el tamaño poblacional se incrementa a partir de agosto con su pico máximo a mediados de
noviembre, que coincide con la mayor incidencia de la enfermedad sobre el cultivo de maíz.
Otro punto importante es la determinación del estado general del cultivo. Si bien está comprobada la
diferente respuesta de cada híbrido al virus (interacción genotipo x virus), la enfermedad es mucho
más agresiva si el maíz se encuentra sujeto a cualquier tipo de estrés: hídrico, nutricional, radiación,
otras enfermedades, etc.

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SÍNTOMAS CARACTERÍSTICOS

La severidad de la sintomatología se incrementa cuanto más temprano es la picadura de las
chicharritas infectadas. Las plantas de maíz inician la manifestación los síntomas luego de
transcurridos al menos 20 días desde la emergencia. Puede observarse un marcado enanismo en
plantas afectadas tempranamente, debido a la no elongación de entrenudos (Figura 4). En muchos
casos las láminas de las hojas se deforman, toman un aspecto cortado, y adquieren una posición
erecta y de textura coriácea al tacto. Otros síntomas característicos de MRCV, conforme el nivel de
severidad progresa, son: tallos achatados (Figura 5a); panojas atrofiadas, incluso estériles (Figura
5b); espigas múltiples (Figura 5c) y/o espigas deformadas (“pico de loro”; Figura 5d). El rango de
disminución en el rendimiento puede variar entre un 20% y un 95%, desde las situaciones más
benignas con síntomas leves hasta grandes epifitias con pérdidas casi totales. Sin embargo, se ha
detectado en plantas sin grandes síntomas visibles se han detectado disminuciones muy marcadas
en el tamaño de la espiga, por lo tanto, nunca se debe subestimar este padecimiento (Figura 5e).

En general, alguna de estas manifestaciones pueden confundirse con los indicios de otras
enfermedades o daños causados por herbicidas, por ejemplo, los hormonales. Sin embargo, existe
una expresión exclusiva de la presencia del MRCV: la exteriorización de enaciones foliares. Estas
consisten en protuberancias epidérmicas en el envés de las hojas, a lo largo de las nervaduras. Las
enaciones pueden aparecer también en vainas foliares, tallos y chalas cuando se registran altos
niveles de severidad. Estas malformaciones pueden observarse formando “rosarios” (Figura 6a) y/o
“crestas de gallo” (Figura 6b). Su detección es la determinación inequívoca de la presencia del Mal de
Río Cuarto en un lote de maíz.

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MANEJO DE LA ENFERMEDAD

La severidad de la enfermedad depende: i) de la cantidad de vectores infectivos que llegan al cultivo
de maíz desde áreas circundantes, ii) de su máxima densidad poblacional y iii) el estado del cultivo de
maíz. Por lo tanto, el manejo debe enfocarse en la disminución del inóculo inicial y de la exposición
del cultivo en los estadios fenológicos de mayor susceptibilidad. La mitigación de la enfermedad
implica la consideración de un conjunto de factores de manejo como los pronósticos presiembra,
perfil sanitario y agronomía del híbrido elegido, control de malezas, antecesores, rotaciones y
condiciones ambientales.
Fecha de siembra (esquive): en años con pronóstico de presiembra severo, se recomiendan fechas
de siembras tempranas (hasta mediados de octubre), a modo de reducir los riesgos de exposición a
infestaciones tempranas (de mayor severidad). Se considera un riesgo alto cuando se detectan más
de 150 individuos en 100 golpes de red.
Híbridos tolerantes: lotes de producción dentro del área endémica para MRCV requieren tolerancia
genética o buen comportamiento de los materiales seleccionados.
Uso de curasemillas: los insecticidas sistémicos permiten disminuir la incidencia y severidad de
daños del MRCV. Su efecto puede prolongarse hasta V4-V6.

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EVALUACIÓN DE LA ENFERMEDAD

Incidencia (%): proporción de plantas sintomáticas respecto del total de plantas contabilizadas.
Severidad según escala de March (March et al., 1997):

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